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Rene Hugo Arceo |
Raiz del Tiempo
Essay by Julio Rangel
El grabado mexicano de tema social es una corriente artística sui generis, pues a diferencia de otras manifestaciones, confinadas a círculos restringidos, desde principios del siglo XX se ha insertado en la vida pública con la contundencia de un epigrama, un afilado comentario social, y una síntesis de la ancestral fuerza iconográfica mexicana.
Es el vigor plástico de este género el que lo ha hecho perdurar, más allá de la inmediatez periodística (recordemos que los grabados que José Guadalupe Posada publicó en la prensa durante la Revolución Mexicana de 1910, ácidos comentarios políticos y sociales, hoy se sostienen como un arte atemporal).
Los grabados que ahora presenta René Arceo tienen esa doble vertiente estético-social, y en ellos convergen tanto la escuela de los combativos grabadores mexicanos de principios del siglo XX, como José Guadalupe Posada y Leopoldo Méndez, y el discurso plástico posrevolucionario de los muralistas —primordialmente los tres grandes: Rivera, Siqueiros y Orozco—, como las corrientes europeas vanguardistas, que también han nutrido su obra.
Como en las tendencias mencionadas, sus grabados sintetizan, en composiciones llenas de dinamismo, narraciones que se resuelven en sí mismas —a veces telúricas, a veces contenidas. Son comentarios sociales y culturales que transmiten un sentido de urgencia, pero son también elaboradas creaciones plásticas que piden la atención del espectador.
No es gratuito que su arte esté impregnado de temática social; la historia de los inmigrantes en Estados Unidos es una continua lucha por la justicia y el respeto, y a menudo la realidad política se planta ante nosotros y nos toma de las solapas aunque no queramos verla.
No es, sin embargo, un mero didactismo lo que alienta sus grabados, pues la fuerza icónica de estas imágenes nos pide una mirada detenida para revelarnos su corriente lírica, sus capas profundas.
La “muchacha con rebozo” que nos dirige una mirada intensa, la mujer en “Meditación” que reposa, replegada en un mundo interior o el indígena “Tarahumara” que asoma su mano nudosa entre el nervioso fluir de líneas de su indumentaria, son figuras de expresividad reconcentrada que aparecen sobre un fondo plano, despojado de elementos. El vacío desde el que nos mira el niño lacandón acentúa su figura y hace eco a la precariedad en la que viven indígenas y campesinos en México y Sudamérica.
En otros grabados, en cambio, las formas mutan y cohabitan en el espacio, merced a un diestro manejo de la línea, generando intrincadas construcciones, fondos ricos en detalles que devienen nuevas figuras, dilatadas curvas que forman perfiles humanos y objetos discernibles, formas animales y vegetales. La musicalidad y el sentido lúdico que transmiten esas líneas, la impresión de soltura casi instintiva de “Spiritual Dance” y “Central America” contrastan con la gravedad de “Guatemalan Woman” y la rabia indignada de “Madre con rebozo”.
Imposible soslayar la presencia subyacente de los elementos prehispánicos en forma de máscaras o esculturas (los rostros paralelos en “Bolivian Woman”) la omnipresente calavera mexicana que Posada inmortalizó, y los glifos aztecas en el espléndido “Alacrán”. La rica tradición plástica de los códices y los bajorelieves esculpidos en piedra por los antiguos pobladores de nuestra América son una fuente en la que Arceo ha sabido abrevar con acierto, sin aspavientos folclóricos.
Esta muestra de grabados da testimonio del vigor de este género en los artistas plásticos latinos de Estados Unidos, en continua exploración de sus raíces culturales e inmersos en el presente convulso. Particularmente, la obra de Arceo destaca por la asimilación y el conocimiento de la tradición del grabado, pero también por la frescura y la creatividad con que crea su propio lenguaje.
Julio Rangel
©All images copyright of Rene Hugo Arceo
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